sábado, 19 de diciembre de 2015

Deseos de la SADE Baradero - San Pedro para estas celebraciones que llegan.

Estimados escritores: deseamos, para estas celebraciones que llegan, paz en el corazón.


"Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cuál es la estrella que lo guía."

Antoine de Saint-Exupéry.


Atte.

SADE Baradero – San Pedro.


martes, 8 de diciembre de 2015

Javier Dicenzo seleccionado para formar parte de una antología en Homenaje a Gabriela Mistral.

Organizado por el Centro Chileno Bernardo O´Higgins, Javier Dicenzo ha sido seleccionado para formar parte de la Antología Poética “Homenaje a Gabriela Mistral por los 70 años del premio Nobel (1945-2015)” que se presentará el sábado 19 de diciembre a las 17 horas en la Fundación FECIC de la calle Moreno 431 de la Ciudad de Buenos Aires, donde recibirá un diploma y un libro en la que participa.




jueves, 3 de diciembre de 2015

Un cuento de Josefa Prada integra la antología "El otro lado de las cosas"

POR LAS RAMAS

                                               "El tronco sostén, año tras año
cumple con ser más grueso para soportar
el peso de la copa y de la rama, ..."

Juana ensimismada repite “es una copa de oro el espinillo, y sigue, ”porque es áspera y fea, porque todas sus ramas son grises, yo le tengo piedad a la higuera”. A Juanita se le deslizan los mechones del cabello por su mejilla cada vez que se agacha a tomar de una en una, desde la pila de páginas, de dibujados árboles de distintas formas, una flor, una hoja pintada con preciosos detalles de nervaduras festoneadas. Las ramas y las sombras crecían.
En Juanita, el sufrimiento ante la muerte, se mostró en árboles. Le crecían de extrañas maneras, en la copa se remarcaban las ramas más gruesas año a año. Y ella, se valió de nuevas listas de poesías recitadas, "porque es áspera y fea, porque todas sus ramas son grises, yo le tengo piedad a la higuera". Estos dibujos que me da, han dejado de ser infantiles, para ser las ramificaciones que la muestran.
José, o sea yo, su padre, arquitecto, con algo de prestigiosa leyenda que nos rodea y se pega, había envejecido y conservaba, en mi caso, el orgullo de ese reconocimiento porque la habían difundido los compañeros albañiles con los que trabajé. Pero aquí, no estaba ni como profesional, ni como vecino, estaba como un padre que visita a su hija sentada en el sillón de la sala. Atrás de ella, la persiana y las cortinas velan la fuerza de la luz del verano. Para estas fechas, las visitas familiares nos saludábamos y nos reconocíamos sin preguntar mucho. Ya van varias navidades confraternizando, al igual que en esas otras fechas del año. Después de la muerte de mi hijo, vino el divorcio.
Además de constructor nato, que hizo su casa y plantó todos los árboles del parque, soy experto en prácticas y explicaciones acerca de las pérdidas. Mientras, bebemos en silencio jugo de naranja. Bebo con Juana, ella traga pacífica y ausente el suyo. Ha dejado de repetir “es una copa de oro el espinillo”. Bebe callada, delante de mí. Sólo hay un instante en el que nuestros ojos oscuros se contemplan, se estacionan, nos miramos enganchados en un mutuo autismo. No alcanzaron las terapias, ni las  internaciones, ni el turismo de consulta con los mejores profesionales del país. Ella retorna en su frágil coherencia sólo por minutos y me sonríe.
Estoy sentado dentro de la Clínica, obra de la cuál participé en parte de su diseño. En silencio le entrego su regalo. Libros, hermosos libros botánicos y lápices de colores acuarelados para Juanita. En ese mismo silencio, hemos pasado dando vuelta las páginas y mirando las ilustraciones, las dos horas de la visita, Juanita esta vez no recitó poesías nuevas. Y sus dibujos me parecen a mí, con cierto parentesco a los girasoles de Vicent.
Al finalizar el horario, la beso, se deja abrazar. Me dirijo a la salida saludo al personal del establecimiento y a los familiares más conocidos. Hace calor, me alejo, camino por la sombra de la vereda. Los árboles, tengan el nombre y la sombra que tengan, todos me lastiman. Vuelve ese resto de vértigo aturdido.
Todo pasa, y pasa sabiendo que la vida es otra cosa, también se me pasará este síntoma. Pasará el repetido instante de la hamaca en el patio de la casa querida, hogar hecho para lo que entonces fue mi linda familia. He charlado de esto con mi ex-mujer, durante las sesiones de hipnotismo surgió que Juana mecía la hamaca con la que se golpeó la nuca mi hijo menor, del golpe a la muerte. Desde ahí sé y se sabe, que la irracionalidad de la culpa tiene un peso contagioso, es la perpetuación que aún retuerce la psiquis de Juanita. El tronco sostén, año tras año cumple con ser más grueso para soportar el peso de la copa y de la rama, en donde yo había colgado la hamaca.




Por Juan Gelman

Talleristas de lo poético
en la intemperie inestable
el viento florece
búsquedas
mientras digo
cumplió.

Yo viví esas huellas
en el quiebre de los espejos
vaivenes
que no prescriben.

Juan es la brasa
honda
memoria herida
insistente magma
que incendia olvidos.

Por volcánicas laderas*
Sor Juana con Juan
unen cenizas y voz
se oye hombres necios
diferentes tiempos
ascendente compañía
en el mismo
virus del lenguaje.


*Las cenizas del poeta Juan Gelman (Buenos Aires, 3 de mayo de 1930 - México, D. F., 14 de enero de 2014), fueron esparcidas en la localidad mexicana de San Miguel Nepantla, cuna de la poetisa Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), en cumplimiento de su voluntad, Juan descansa en las faldas de los volcanes (y no es una metáfora), falda de los volcanes mexicanos Ixtlazihuatl y Popocatepétl. Popocatepétl significa la montaña humeante, e Iztaccihualtl, la mujer dormida.




Josefa Prada, Argentina, nació en 1955 en Paraná, Entre Ríos. Desde 1974, habita en Buenos Aires y Baradero. Se graduó Cs. Antropológicas en la UBA.


jueves, 19 de noviembre de 2015

Primer premio en cuento Mirta Milani


La historia de don Agustín

por Mirta Milani


Don Agustín es un hombre de mediana edad, larga barba, pelos desordenados,  tez blanca, ropa raída; pero aún muy lúcido. Frecuenta todas las tardes, alrededor de las seis, la zona de la loma, en busca de papeles, cartones y todo lo que su pequeño carrito pueda albergar. Vive lejos pero su rutina lo lleva a relacionarse con cosas caras, perdidas y olvidadas que suele reciclar en un comercio local.

Una tarde, entre las cajas dispuestas en la vereda, señal de una gran limpieza en la vieja casona, Agustín descubre un acartonado y rugoso libro. Le llama la atención por lo ancho y abundante de sus hojas amarillas; algunas ilegibles. La primera hoja dice una fecha que apenas logra descubrir, un nombre que parece borroso Agust…y algo más…lo deja para leerlo al final del recorrido. Sigue en su búsqueda hasta completar el carro y luego emprende su retirada, camino al autódromo.

Como de costumbre, Agustín deja todo en su patio embarrado. Trata de que los papeles se acumulen atados lo mejor posible, doblados y en pilas iguales. Los cartones, de igual forma, en otro rincón, luego cubre todo con una lona impermeable por las lluvias y el rocío del sereno. Así termina cansado de tanto caminar, acompañado por su perro Pelusa, tan croto y sucio a esa hora, como su dueño. Ambos se recuestan en el catre de rústica forma, con un cabezal de esterilla repujado, tal vez apropiado de alguna hermosa vivienda, en su rejuntes. Es ahí cuando recuerda el libro olvidado, en el fondo del carro, junto a trapos y chatarra vieja. ¿Qué dice el libro, de quién será la prolija y caligráfica letra?
Lo mira lentamente y se da cuenta de que es un diario de hace muchos pero muchos años, sólo que no se ve en su primera hoja la exactitud del tiempo.

En su soledad, noche a noche, después de su rutina de papeles y cartones lee atentamente sus páginas, sumergiéndose en un viaje maravilloso de paisajes, personajes y amores incompletos, no correspondidos, muertes y suspiros. Se siente el personaje masculino que ahí se trasluce, quien llega en su caballo, a media noche e irrumpe en el lecho de su amada y todo esto termina en un viaje muy lejano que separa a los personajes que se amaban. Es así como aquel padre siniestro, manda lejos a la joven para que en campos perdidos, olvide a su amor y tenga su hijo fuera de una sociedad censuradora y cruel. Agustín no duerme. Se excita con los relatos. Sufre, se desvela, pero debe ir a trabajar, vender temprano lo que pudo recoger ayer para volver a empezar, hoy.

Pero como el ladrón que vuelve a la escena del crimen, todas las tardes y aunque nada han sacado, vuelve a la casa de Mendoza y Matheu. Tras un vidrio con cortinas transparentes, siempre, ve la figura de una dama que se pasea por su dormitorio, escribe, lee y nunca se asoma. Sólo conoce su silueta débil, tenue muy delgada que parece caminar muy lentamente.

Vuelve a la rutina de su casa y a poder dejar espacio para leer aquel nuevo capítulo que con detalles infinitos, desfilan noche a noche, en su imaginario. Es apasionante. Ni en el cine pudo realizarse. Empieza a imaginar a la dama. ¿Qué edad tendrá? ¿Su hijo la visitará, habrá encontrado ese amor perdido nuevamente? Todas preguntas que solo la dueña podría clarificar. ¿Vivirá en ese caserón sola? Parece enferma, siempre en su dormitorio. Agustín devana sus sesos, todas las tardes.

Hasta que llega el capítulo final, donde deja marcada una estancia, un paraje que para él es muy familiar: Parravicine, estancia Santa Eloísa. Se le llenan de lágrimas los ojos. Su niñez era otra película que galopaba en su memoria; ahí habían transcurrido sus mejores años… ¿conocerá a mi madre, será la dueña de la estancia? Agustín ya no puede más. Lo que hasta ahora era solo novela empieza a parecerle realidad. Reconoce lugares, gente, puesteros, el pueblo y sus años escolares, los peones que lo criaron con amor y dedicación, la muerte de los mismos, el cementerio del lugar, sus preguntas sin respuestas; su vida vacía empieza a cobrar sentido.
Una tarde muy fría, Agustín se viste, se afeita y toca la puerta de la vieja casona. No le abren, desde arriba, una figura se ve asomada a la ventana; él solo le muestra su viejo diario, y ahí, solo ahí, le abren la puerta. Agustina se deja ver, en una enjuta anciana de más de 70 años, con arrugas marcadas por el tiempo, sus cabellos muy largos, blancos, atados por una cinta. 

─ ¿Qué quiere usted acá, con ese cuaderno que fue mío?

─Nada señora, sólo hablar con usted. Me tomé el atrevimiento de leer algunas páginas, dijo, casi con temor a ser descubierto.

Bruscamente, la mano de la mujer arrebata el mismo y en un giro no esperado, termina en la estufa a leña del comedor.

─ ¿Quién le dijo que leyera lo que no corresponde? Entrometido, váyase de aquí.

─No sin antes contarle que yo viví en esa estancia, donde usted cuenta haber tenido a su hijo. Ahí me crié, aprendí el oficio de domador, fui a la escuela y allí  murieron mis padres adoptivos.
Agustina tragó saliva, se le oprimió el pecho y recordó gratos y no tan gratos momentos.

─Pase, por favor.

Sentados uno frente al otro, no pudieron ocultar lo que ambos sabían inconscientemente del otro. Agustín sabía mucho de ella y ella deseaba saber algo más de él. Tomaron un té que sobre la mesa pedía ser servido. El cartonero tenía estilo, sabía usar los utensilios de la mesa. Conocía demasiado la vida de esta anciana. Ella le preguntó: 

-¿Conoce a su familia?

─No, no la conozco. Fui criado por padres sustitutos hasta la muerte da ambos.

Agustín empezó a recrear su vida, sus recuerdos más profundos mientras miraba hacerse polvo aquel diario que tantas noches acompañó su vida.

─ ¿Por qué lo quemó señora? Era una belleza leerlo, tiempos de gran calidez, amor y aventuras; estaban sus mejores momentos.

Agustina miró fijo a ese hombre quemado por el sol con otra historia pero con la transparencia de una vida calma y sin apuros.
Miró sus ojos y descubrió los ojos de aquel gran amor que le habían arrebatado hace más de cuarenta años.

─Vaya buen hombre, vaya, todo se quemó, igual que mi vida…ya pasó el tiempo de guardar viejos recuerdos. Lléveselos en su memoria como yo llevo los míos. La vida pasó y es difícil cambiarla.


Agustín no reparó que llevaba el mismo nombre de la dama. Solo recordará siempre que esa anciana alta, lenta y delgada, una vez le abrió la puerta, para tomar un cálido té, en su mesa, un día muy frío de invierno.




miércoles, 18 de noviembre de 2015

Primer premio en poesía Gianni Pablo Cignetti.

Las cuatro muertes

I
La copa es vidrio
que es arena olvidada de sí misma
eventualmente ha de volver
cada pequeña piedra
a desgranarse
así
yo soy caliza que cubre y besa los caminos.

II
Me piden alma
yo no tengo alma voy borrando
cada huella de mí en el aire cuerpo soy
apenas
de minaretes de alcázares de ruinas.

III
Tiempo no es suma
sino poema instante
no instante sobre instante sucesivo
de la misma forma poema no es
palabra sobre palabra
sino paréntesis
ni silencio ni palabra
tiempo no es línea
vida no es línea
poema tiempo y vida son instante.

IV
Por ser del vacío originado
aquel que canta y enciende fuegos en las sombras
aquel que dice el vino sin conjurar la vid
con su aroma púrpura de sol
ha de buscar en el otro
un reflejo de su sangre.
Pues su corazón
hundido
hendido y solo
en la tiniebla
no se hallará jamás.
Y cuando finalmente
el loco amor le arrastra
le arranca de sí y es dividido
consumado y consumido al bien perderse
en el cuerpo ajeno tanto
que ya no es ninguna cosa
que ya se torna hueco del aire
que ya
como llegó
se desvanece.




Gianni Pablo Cignetti- Santos Lugares-Bs As.

martes, 17 de noviembre de 2015

Entrega de premios de la XIII edición del concurso literario escritor Alfredo Cossi.

El jurado de la XIII edición del Concurso Literario de Cuento y Poesía, Escritor Alfredo Cossi, ha resuelto premiar los trabajos que se detallan abajo.

La entrega de reconocimientos se llevó a cabo el sábado Sábado 14 de noviembre, a las 19 hs, en la Biblioteca  Popular Municipal Bolaños, Thames y Rodríguez, de la ciudad de Baradero.

Condujo la ceremonia Ana Bramajo y la propuesta musical estuvo a cargo de  Johana Reynoso.


Género Cuento

1° Premio
La historia de don Agustín
Autora: Mirta Milani- Mar del Plata


2° Premio
Verónica sabía imaginar, Lilián no
Autora: Martha Plaul de Rocha- Chivilcoy


3° Premio
Deriva
Autor: Marcelo Posada


1° Mención
En un lugar equivocado
Autora: Claudia Gisela Claverie- Hurlinghan


2° Mención
La pesadilla
Autora: Cristina Isabel Cámpora- Mar del Plata


3° Mención
La primorosa
Autora: Susana Martín



Género Poesía

1° Premio
Las cuatro muertes
Autor: Gianni Pablo Cignetti- Santos Lugares-Bs As


2° Premio
Al límite del poema
Autora: María Cristina Córdido- Azul -Bs As


 3° Premio
Borges
Autor: Raúl Oscar Ifran-Punta Alta-BsAs


1° Mención
En un tiempo ya
Autora: Laura Gliemmo- Moreno-Bs As


2° Mención
Domingos
Autora: Sara Isabel Juarez-San Francisco-Córdoba


3° Mención
Poema de amor para cualquier verano que no sea éste
Autora: Raquel Graciela Fernández-Villa Domínico-Avellaneda-Bs As




La comisión directiva de la SADE 57, Región Baradero ─  San Pedro, hace llegar sus felicitaciones a todos los participantes, especialmente a los premiados y los invita a participar en la próxima edición.



Memoria fotográfica:













Dos de los premiados: Gianni Pablo Cignetti y Susana Martín.










martes, 10 de noviembre de 2015

Resultados del XIII Concurso de Cuento y Poesía: Escritor Alfredo Cossi, edición 2015.


El sábado Sábado 14 de noviembre, a las 19 hs, en la Biblioteca popular municipal Bolaños, Thames y Rodríguez, de la ciudad de Baradero, se darán a conocer los resultados del XIII Concurso de Cuento y Poesía: Escritor Alfredo Cossi, edición 2015.  

Se recibieron 83 obras (cuentos y poesías) de participantes de distintas provincias argentinas. Los trabajos se recibieron por email y por correo postal.

El acto tendrá una apertura musical a cargo de Johana Reynoso. Luego de la entrega de premios y certificados se realizará un brindis para celebrar a los premiados.

Los esperamos para compartir este momento tan grato.

Entrada libre y gratuita.